Todos se burlan del pobre hombre que pescó un solo pez tras un día completo intentándolo – Historia del día

Un joven pescador consiguió un pequeño pez tras un día de intentos, pero resultó ser la captura de su vida.

Oscar Mendez era un pescador entusiasta, solo que no era muy bueno en ello. Sin embargo, eso no era un impedimento. Todos los domingos estaba en el muelle lanzando su anzuelo.

Mientras que otros pescadores sacaban una gran cantidad de peces del océano, Oscar solo se quedaba sentado. Lo intentó todo. Cambió el tipo de cebo, el señuelo, la línea y la plomada, pero nada funcionaba.

Un domingo sucedió algo extraordinario, Oscar pescó. Se emocionó cuando sintió el primer tirón suave del sedal, y luego el tirón más fuerte que le indicó que un pez estaba enganchado.

Oscar soltó un grito: “¡He pescado!”.

Inmediatamente los hombres a su alrededor saltaron. “¡Oscar ha pescado!”, gritó uno. “¡Los peces están realmente desesperados hoy!”, gritó otro. “¡Cuidado, chico, es uno grande!”.

El chico sonrojado y excitado luchó contra el pez invisible que estaba en el extremo de su línea. Sin duda era uno grande, a juzgar por su fuerza. Lentamente, Oscar recogió su primera captura de la temporada brillando de triunfo.

Pero cuando finalmente sacó el pez del agua y lo metió en la red, se le cayó la cara. Era diminuto. El pez plateado que se agitaba furiosamente en su red manual apenas era más grande que su mano.

Inmediatamente, los hombres que lo rodeaban comenzaron a bromear. “¡Oscar ha pescado una ballena!”.

Persona pescando. | Foto: Unsplash

Persona pescando. | Foto: Unsplash

Él se sonrojó, pero estaba decidido a llevarse su presa a casa, así que empezó a limpiar el pescado. Para su sorpresa, cuando sacó las vísceras, escuchó un débil chirrido metálico.

Había algo en el estómago del pez. Oscar se sorprendió al descubrir que era un anillo. Lo enjuagó en su cubo y se encontró con un hermoso anillo de diamantes.

En el interior estaba escrito: “Para la chica de mis sueños, amor para siempre”. El joven se sintió intrigado. Estaba seguro de que la dueña del anillo debía estar destrozada por su pérdida. Tenía que encontrarla, pero ¿cómo?

Oscar le tomó una foto al anillo e imprimió unos cuantos folletos con su número de teléfono, lo cuales dejó en varias tiendas de la ciudad. Seguro que la “chica del sueño” era cliente de alguna de ellas.

Pasó una semana y nadie llamó por teléfono. Tal vez la dueña de la joya era una turista que estaba de paso. Pero un día, mientras Oscar charlaba con el dueño de la tienda y le comentaba que nadie había reclamado el anillo, el hombre volvió a mirar el folleto y llamó a su hija.

“María, ¿reconoces este anillo?”. La chica se acercó y miró el folleto.

Anillo. | Foto: Unsplash

Anillo. | Foto: Unsplash

“Eso se parece un poco al anillo de Fran… Tal vez es de ella. Se ha estado quedando en la casa de su abuela durante las últimas dos semanas. Es la tercera casa de la calle las Acacias. ¿La casita rosa? No se puede perder”.

Así que, con el anillo en el bolsillo, Oscar salió a buscar a la “chica de los sueños”. Llamó a la puerta de la casita rosa y le contestó una anciana diminuta. “Hola”, dijo, “creo que tengo algo que le pertenece a su nieta”.

Le mostró el anillo y la mujer gritó: “¡Fran, tu anillo ha vuelto!”. Apareció una mujer joven y delgada de pelo largo y oscuro. No parecía nada contenta de ver a Oscar o el anillo.

Fran miró el anillo que brillaba en la mano del chico y frunció el ceño. “¿Cómo lo has encontrado?”, preguntó con un tono de enfado en su voz. “¡Lo tiré al mar!”.

Oscar se quedó asombrado. “¿Lo hiciste?”, jadeó. “¿Pero por qué?”

Fran se sonrojó airadamente. “¡No es que sea de tu incumbencia, pero el hombre que me lo dio es un tramposo mentiroso!”, dijo. “¡Lo lancé y juré que no volvería a usar un anillo de compromiso mientras viviera!”.

Oscar miraba el rostro infeliz de la chica y su corazón dio un vuelco. Tenía el anillo en la mano. “Lo guardaré hasta que estés lista para usarlo de nuevo”, dijo.

Recién casados. | Foto: Unsplash

Recién casados. | Foto: Unsplash

“Nunca”, gritó Fran, pero no sabía lo paciente que era este caballero. Se había sentado durante años en ese muelle esperando a su pez, así que también conseguiría a su chica. Y lo hizo.

Dos años después, Fran y Oscar se casaron, y en el dedo de ella estaba el anillo que el mar le había devuelto.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Que la paciencia acaba trayendo grandes recompensas: Oscar nunca se dio por vencido, y por eso acabó pescando el pez que le trajo el amor de su vida.

A veces el destino trae a la persona adecuada a nuestras vidas de la forma más inesperada: El anillo de compromiso desechado de Fran acabó trayendo su verdadera felicidad.

Comparte esta historia con tus amigos. Puede que les alegre el día y les inspire.

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